Campana, jueves, 28 de enero de 2016 - 11:41 - Edición Digital

 

DIARIO ZONAL DE LA MAÑANA - CAMPANA, BUENOS AIRES, ARGENTINA

 

 

Fue víctima de abusos desde los 12 años por parte de su padrastro. Hoy tiene 18 y pelea para que la causa, iniciada en 2013 por su escuela, tome impulso y le ponga fin a su calvario.

 

Sasha es una adolescente, pero habla con la madurez de tanto sufrimiento padecido, con la entereza de quien no se rinde en la búsqueda de Justicia. Tenía 12 cuando empezó a ser víctima de abusos por parte de su padrastro. Tenía 16 cuando se sintió culpable por haber salido aquella noche en la que su hermana menor también sufrió ese horror. Cumplió 18 este año y una de las primeras cosas que hizo como "mayor de edad" fue presentarse voluntariamente a brindar declaración testimonial para tratar de relanzar la causa que se inició en 2013, cuando la Escuela Normal denunció la situación que sufrían ella y su hermana luego que la menor intentara cortarse las venas.

 

"Está todo en la Justicia, no sé qué más hacer. Pareciera que no leen las causas, que firman sin saber lo que dice el expediente", lamenta Sasha respecto a la IPP 187396/13 caratulada como "Abuso Sexual Agravado" que descansa en la UFI Nº 3 a cargo de la Dra Eleonara Day Arenas.

 

"Voy y no me quieren atender. Siempre lo hace una funcionaria distinta. No tengo abogado particular y me cuesta encontrar ayuda", señala respecto a sus permanentes visitas a la Fiscalía.

 

Su prima fue testigo de algunos abusos que sufrió. Y eso consta en la causa. Pero cuando Sasha preguntó en la UFI Nº 3 si la habían llamado a declarar, una Secretaria le contestó: "Se me pasó". Su prima nunca fue llamada a declarar.

 

Sasha cuenta su tortuoso presente recostada en un sillón del salón de una estación de servicio, abrazada a su mochila, luego de comer algunas golosinas y sin probar el jugo servido.

 

Está cansada Sasha. Está cansada de todo lo que vive y también físicamente. Se levantó a las 6 de la mañana para asistir a una audiencia en el Juzgado de Familia, donde debía encontrarse cara a cara con su madre, quien nunca dejó de convivir con el acusado, que es su esposo desde hace cinco años, pero, por sobre todas las cosas, es el culpable del calvario de Sasha.

 

En el Juzgado de Familia, ella debió esperar 45 días para obtener una orden de restricción de acercamiento para con su padrastro. Su madre, en cambio, sólo necesitó de 10 para obtener la misma medida respecto a Sasha.

 

"Es gracioso, porque a mí no me interesa verla ni estar cerca de ella", remarca la joven.

 

El calvario de Sasha comenzó en 2008, cuando tenía 11 años y sus padres se separaron. Ella, con sus dos hermanas y su madre, dejaron la casa de Las Acacias y se fueron a vivir a Villanueva. Dos meses después, su madre, que tenía 26 años, ya estaba en pareja con un joven de 21 que se mudó con ellas a la misma casa.

 

"La situación era rara, pero fue peor cuando se prohibió nombrar a mi papá biológico en casa", recuerda. Así, ella y su hermana comenzaron a perder todo vínculo con la familia paterna.

 

Después, dejaron Villanueva y se trasladaron a San Cayetano. Fue entonces que Sasha empezó a ser perseguida por el novio de su mamá: "Yo lo veía a la salida del colegio y se escondía. Por ahí me daba vuelta en el colectivo y lo tenía detrás".

 

Repitió el grado ese año.

 

Después se fueron a vivir "atrás de la casa de la familia de él", en Rincón de Milberg, partido de Tigre. Fue entonces cuando comenzaron los abusos: "Se metía en mi habitación, en el baño cuando me estaba duchando y hasta en mi cama cuando dormía". Por entonces, su madre estaba embarazada. Y tras la cesárea que trajo al mundo a su hermanito, cuando estaban todos en la casa, Sasha sufrió cuando él la encerró en una habitación.

 

Horas después, en la Iglesia, su padrastro dijo frases como "todo lo que hago, lo hago como padre"; "vos me quisiste besar primero" y "te pido disculpas". Igualmente, la amenazó: "Si lo contás, sigue tu hermana".

 

Sasha intentó decírselo a su madre, pero ella "nunca reaccionó" asegura. "Ella veía que él se metía en mi cama, pero me decía: ´decíselo vos si tanto te molesta`".

 

A principios de 2010, su prima fue a compartir parte del verano a Tigre. Y fue testigo de lo que pasaba. "Vos no te das cuenta que está mal", le recriminaba.

 

"Yo lo había normalizado", reconoce Sasha.

 

Entonces, su prima se lo reveló crudamente a la madre, quien le prometió a Sasha que iba a dejar a su pareja y que se iban a volver a Campana. Pero demoró en planteárselo y recién se lo reprochó en "una discusión cualquiera". Él lo admitió, se defendió y nada cambió.

 

"Ahí me dí cuenta, empecé a sentir que mi mamá lo apañaba", remarca Sasha.

 

Finalmente, regresaron a Campana, al barrio San Cayetano. La pareja, ella, sus dos hermanas y su hermanito.

 

"Todo fue todavía más perverso. Tenían relaciones con mi mamá adelante nuestro. Fue entonces que saqué toda la situación de la normalidad", recuerda.

 

Hizo un clickSasha. Pero la empezó a pasar cada vez peor y sus compañeros lo notaban. "Estaba desquiciada. Me empezaron a dar ataques de pánico cuando él se sentaba a la mesa. Y después también los empecé a sufrir en la escuela".

 

Sasha no quería dejar su casa, no salía, tenía miedo de dejar a sus hermanas solas con su padrastro. Pero una noche pensó en despejarse y aceptó la invitación de su prima. Ya tenía 16 años. Cuando regresó a su casa, lo encontró a él esperando detrás de la puerta, el torso desnudo y el teléfono celular en mano.

 

Fue a la habitación, su hermana lloraba angustiada.

 

Todo empeoró.

 

La madre le decía a Sasha que lo que pasaba era su culpa y la agredía física y verbalmente: "Con mi hermana empezamos a trabar la puerta de la pieza con una mesita de luz".

 

Por esos días, su hermana intentó cortarse las venas, se le infectó la herida que se generó y eso fue descubierto en la Escuela Normal. Ella confesó los abusos. Sasha no se animó a detallar todo.

 

Su hermana estuvo dos semanas internada y fue entonces cuando comenzó a tramitarse la causa, iniciada desde la Dirección de la Escuela Normal en la UFI Nº 3.

 

"Él empezó a ser muy agresivo con nosotras, nos trataba como perros, nos dejaba las sobras de sus comidas", recuerda Sasha, quien aprovechó la netbook que recibió del programa "Conectar Igualdad" de ANSES para rastrear a su padre biológico a través de Facebook.

 

Le contó algo, pero él se enteró de todo cuando fue a la Fiscalía: "Sasha, la causa es por Abuso Sexual Agravado. ¿Es cierto eso?", le preguntó.

 

Sasha pudo recomponer en parte la relación con su padre biológico y fue echada por su padrastro. Volvió a su casa paterna. Su hermana no la siguió decididamente, aunque en algunos momentos sí lo hizo: "Ella quedó desequilibrada emocionalmente. Se autoflagelaba y desparecía", explica.

 

Cuando el padre biológico de ambas hizo pública la situación, comenzaron las amenazas para Sasha y su hermana: "A ella la llevaron al medio de la nada y la amenazaron".

 

Y cuando Sasha cumplió 18 en marzo pasado, también hizo público el caso. Sufrió acoso psicológico, la persiguieron y hasta la quisieron atropellar.

 

Pero nunca dejó de pelear.

 

Pelea para que un día se cumpla la exclusión de hogar que dictaron contra su padrastro.

 

Pelea para que la causa tome impulso algún día y se haga Justicia. "No lo quiero ver muerto ni a él ni a ella. Quiero que paguen por lo que hicieron y que no les pase eso a otras personas", remarca.

 

Pelea para que no se imponga "la realidad paralela" que su madre intenta mostrar a través de las redes sociales.

 

Pelea para su padre biológico obtenga la tenencia de sus hermanas.

 

Y, a su vez, pelea con Matemática para terminar el secundario.

 

Después, también peleará para seguir estudiando.

 

"Abogacía", como no podía ser de otro modo.

 

"Todos me dicen lo mismo, pero me gusta y en estos años aprendí mucho", cierra Sasha con una sonrisa que, afortunadamente, el horror no le ha quitado.

 

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